Puntos clave
  • La biodisponibilidad oral de la mayoría de los péptidos sin modificar es muy baja, con frecuencia inferior al 1-2 %, debido a la degradación por proteasas y a la escasa permeabilidad de la barrera intestinal.
  • Para una acción sistémica (que requiere llegar a la sangre), la vía inyectable sigue siendo el patrón de referencia en la mayoría de los péptidos de investigación.
  • Para una acción local en la mucosa digestiva, la baja absorción no es un problema: la diana es el propio tubo digestivo, no la circulación general.
  • El semaglutida oral (Rybelsus) demuestra que la vía oral es posible, pero solo gracias al promotor de absorción SNAC y a una absorción neta todavía baja (en torno al 1 %).
  • Tecnologías como el recubrimiento entérico, los promotores de absorción (SNAC, caprato sódico) y la encapsulación buscan mejorar la absorción, pero no eliminan las limitaciones biológicas de fondo.
  • «Oral» no equivale automáticamente a «eficaz por vía sistémica»: la ruta óptima depende del objetivo terapéutico, la diana y las propiedades fisicoquímicas de cada péptido.
  • Este contenido es exclusivamente educativo; muchos péptidos son productos de investigación no aprobados para uso humano y las decisiones sanitarias corresponden a un profesional cualificado.

¿Qué es la biodisponibilidad oral y por qué importa?

La biodisponibilidad oral es la fracción de una sustancia administrada por la boca que llega intacta a la circulación sistémica y queda disponible para ejercer un efecto. Es un concepto central de la farmacocinética (PK) y explica, en gran medida, por qué algunos compuestos funcionan en comprimido y otros solo por inyección. Un fármaco con una biodisponibilidad oral del 90 % se comporta de forma muy distinta a uno con un 1 %: en el segundo caso, la inmensa mayoría de la dosis nunca alcanza la sangre.

En el caso de los péptidos —cadenas cortas de aminoácidos, por definición de 2 a 50 residuos— este parámetro suele ser especialmente desfavorable. Las moléculas pequeñas «clásicas» de la farmacología se diseñaron durante décadas para ser estables y permeables por vía oral; los péptidos, en cambio, son moléculas grandes, hidrófilas y sensibles a las enzimas digestivas. El resultado es que muchos péptidos presentan una biodisponibilidad oral que la literatura sitúa habitualmente por debajo del 1-2 %.

Comprender la biodisponibilidad es lo que permite responder con rigor a la pregunta «¿funcionan los péptidos orales?». La respuesta honesta es: depende de qué se espere de ellos. Si el objetivo requiere que el péptido circule por la sangre y actúe en un órgano lejano, una absorción del 1 % es un obstáculo mayúsculo. Si, por el contrario, el objetivo está en el propio tubo digestivo, esa misma cifra deja de ser un problema.

A lo largo de esta guía se distinguirán con claridad esos dos escenarios, se explicarán las barreras biológicas que reducen la absorción, se describirán las tecnologías que intentan superarlas y se presentará una tabla orientativa por péptido. El enfoque es neutro y basado en la evidencia; no se recomiendan dosis ni pautas de uso.

Aviso: este artículo tiene una finalidad exclusivamente educativa y no sustituye el consejo de un profesional sanitario. Puede consultar nuestro descargo de responsabilidad médica para más detalles.

¿Por qué se inyectan la mayoría de los péptidos?

La razón principal por la que la mayoría de los péptidos de investigación se administran por vía subcutánea o intramuscular es evitar el tubo digestivo. La inyección deposita el péptido directamente en un tejido bien vascularizado, desde donde pasa a la sangre sin atravesar el estómago ni el intestino. Esto elimina de golpe las tres grandes barreras que hacen fracasar la vía oral.

La primera barrera es enzimática. El aparato digestivo está diseñado para descomponer las proteínas de los alimentos en aminoácidos. Proteasas como la pepsina (en el estómago) y la tripsina, la quimotripsina y las carboxipeptidasas (en el intestino) rompen los enlaces peptídicos con enorme eficiencia. Un péptido terapéutico sin proteger es, para estas enzimas, indistinguible de una proteína alimentaria y se degrada rápidamente.

La segunda barrera es la de permeabilidad. Incluso si una fracción del péptido sobrevive a las enzimas, debe atravesar el epitelio intestinal para llegar a la sangre. Ese epitelio está sellado por uniones estrechas (tight junctions) y recubierto por una capa de moco. Los péptidos son moléculas grandes e hidrófilas que difunden mal a través de las membranas celulares, y la regla empírica de las moléculas pequeñas orales (peso molecular idealmente inferior a 500 Da) los sitúa muy por encima del umbral favorable.

La tercera barrera es el tamaño y la carga molecular. Muchos péptidos de interés superan los 1 000 Da —el BPC-157, por ejemplo, ronda los 1 419 Da— y presentan grupos ionizables que reducen aún más su paso pasivo. A ello se suma el metabolismo de primer paso hepático: lo poco que se absorbe puede metabolizarse antes de alcanzar la circulación general.

Por todo ello, la vía inyectable sigue siendo el patrón de referencia cuando se busca una acción sistémica. No es una cuestión de moda ni de comodidad comercial, sino de biología: es la ruta que garantiza que una fracción significativa de la dosis llegue a su diana.

¿Qué le ocurre a un péptido oral en el tubo digestivo?

Seguir el recorrido de un péptido ingerido ayuda a entender por qué tan poca cantidad llega a la sangre. El viaje comienza en el estómago, un entorno ácido (pH cercano a 1,5-3,5 en ayunas) donde actúa la pepsina. Este medio combina dos agresiones: la hidrólisis ácida de ciertos enlaces y la actividad proteolítica. Muchos péptidos pierden aquí una parte sustancial de su integridad estructural.

A continuación, el contenido pasa al intestino delgado, donde el páncreas vierte un cóctel de proteasas (tripsina, quimotripsina, elastasa, carboxipeptidasas) y donde las enzimas del borde en cepillo de los enterocitos rematan la digestión. Este es, para la mayoría de los péptidos, el punto de mayor pérdida. Las enzimas están optimizadas por la evolución para desmontar proteínas con rapidez, y no distinguen entre una proteína alimentaria y un péptido terapéutico.

La fracción que sobrevive se enfrenta después a la barrera epitelial. Antes de tocar la membrana de los enterocitos, el péptido debe atravesar la capa de moco. Luego tiene dos rutas posibles: la transcelular (a través de la propia célula) o la paracelular (entre células, a través de las uniones estrechas). Ambas son ineficientes para moléculas grandes e hidrófilas, de modo que el paso neto es reducido.

Por último, lo que consigue entrar en los capilares intestinales viaja por la vena porta hasta el hígado, donde puede sufrir un metabolismo de primer paso. La suma de todas estas etapas explica que la biodisponibilidad oral final de un péptido sin modificar sea, en la mayoría de los casos, de apenas unos puntos porcentuales o menos. Es un embudo en el que cada tramo elimina una parte importante de la dosis.

Este recorrido también aclara por qué la ubicación de la diana es determinante: un péptido diseñado para actuar sobre la mucosa intestinal ya está en su destino durante gran parte de este trayecto, mientras que uno que necesita la circulación sistémica debe superar el embudo completo.

¿Acción sistémica o acción local? La distinción clave

Esta es probablemente la distinción más importante de toda la guía, y la que más malentendidos genera. La utilidad de la vía oral no depende solo de cuánto se absorbe, sino de dónde tiene que actuar el péptido. Existen dos escenarios radicalmente distintos.

En la acción sistémica, el péptido debe llegar a la sangre para alcanzar una diana situada fuera del tubo digestivo: el páncreas, el sistema nervioso central, los tejidos musculoesqueléticos, la piel, etc. Aquí la absorción es imprescindible. Si la biodisponibilidad oral es del 1 %, el 99 % de la dosis se pierde y la vía oral resulta, en la práctica, ineficiente salvo que se recurra a tecnologías de mejora. Los análogos de GLP-1 como el semaglutida son un ejemplo de diana sistémica (receptores de GLP-1 distribuidos por todo el organismo).

En la acción local digestiva, la diana es el propio tubo digestivo: la mucosa gástrica o intestinal, el epitelio inflamado, las uniones estrechas. En este caso, una baja absorción no solo no es un problema, sino que puede ser incluso deseable, porque el péptido permanece más tiempo en contacto con la superficie que quiere modular. Aquí la pregunta «¿cuánto pasa a la sangre?» pierde relevancia frente a «¿cuánto llega intacto a la mucosa diana?».

Dos péptidos ilustran bien la acción local. El BPC-157 se estudia, en modelos preclínicos, por sus efectos sobre la mucosa gastrointestinal; y el KPV (el tripéptido lisina-prolina-valina, fragmento C-terminal de la hormona α-MSH) se ha investigado por su papel antiinflamatorio en el epitelio intestinal, con datos que sugieren su captación a través del transportador PepT1. En estos contextos, la vía oral tiene un fundamento científico razonable precisamente porque no se busca una distribución sistémica.

La consecuencia práctica es clara: antes de preguntar «¿este péptido funciona por vía oral?», hay que preguntar «¿dónde necesita actuar?». Confundir ambos escenarios lleva a expectativas equivocadas —esperar efectos sistémicos de un péptido oral con absorción mínima— o a descartar erróneamente una vía oral que, para una diana local, puede ser perfectamente coherente.

¿Cómo logró el semaglutida oral superar la barrera?

El semaglutida oral (comercializado como Rybelsus) es el caso de estudio más relevante para entender qué se necesita para que un péptido funcione por vía oral con acción sistémica. Es un análogo de GLP-1 aprobado por la FDA para la diabetes tipo 2 y representa, hasta la fecha, uno de los pocos péptidos grandes que ha superado el embudo digestivo de forma clínicamente útil.

La clave no fue solo el péptido, sino la formulación. El comprimido incorpora un promotor de absorción llamado SNAC (salcaprozato sódico, o sodium N-[8-(2-hydroxybenzoyl)amino]caprylate). El SNAC actúa de forma localizada en el estómago: eleva el pH en el microentorno inmediato del comprimido, lo que protege al péptido de la degradación ácida y enzimática, y favorece su absorción transcelular a través del epitelio gástrico. La investigación mecanística ha descrito que la absorción ocurre de manera predominante en el estómago, en la zona donde se disuelve el comprimido.

Aun así, conviene subrayar un dato que evita el exceso de entusiasmo: incluso con SNAC, la biodisponibilidad oral del semaglutida sigue siendo muy baja, del orden del 1 %. Esto obliga a administrar cantidades notablemente mayores por vía oral que por vía subcutánea para lograr exposiciones comparables, y a seguir condiciones estrictas de administración (en ayunas, con muy poca agua y esperando antes de comer) para no perder aún más absorción. La lección es doble: la vía oral sistémica es posible, pero exige ingeniería de formulación considerable y sigue siendo intrínsecamente ineficiente.

El semaglutida oral demuestra también que la solución no es universal. El SNAC funciona bien para esta molécula concreta, pero trasladar el mismo enfoque a otros péptidos no garantiza el mismo resultado: cada péptido tiene su estabilidad, su tamaño y su ventana de absorción. Por eso la existencia de un péptido oral aprobado no implica que «cualquier péptido» pueda formularse igual con éxito.

En resumen, Rybelsus es la prueba de concepto de que la biodisponibilidad oral de un péptido sistémico puede convertirse en clínicamente aprovechable, pero también el recordatorio de lo difícil, específico y costoso que resulta lograrlo.

¿Qué tecnologías mejoran la absorción oral de péptidos?

La brecha entre la fragilidad de los péptidos y el atractivo comercial de un comprimido ha impulsado toda una disciplina de tecnologías de administración oral. Ninguna elimina por completo las barreras biológicas, pero varias mejoran de forma medible la absorción en contextos concretos.

El recubrimiento entérico es la estrategia más básica. Consiste en revestir el comprimido o la cápsula con un polímero resistente al ácido que no se disuelve en el estómago, sino en el pH más alto del intestino delgado. Así se protege al péptido de la pepsina y del medio ácido gástrico, y se libera la carga más cerca de su zona de absorción o de acción. Es especialmente útil para péptidos con diana intestinal local.

Los promotores de absorción (o potenciadores de permeación) son el segundo gran pilar. El SNAC del semaglutida oral es el ejemplo más conocido, pero no el único: el caprato sódico (C10) es otro potenciador ampliamente estudiado que actúa favoreciendo la vía paracelular y transcelular. La literatura comparativa señala que SNAC y C10 operan por mecanismos parcialmente distintos, lo que ilustra que no existe un único «interruptor» de la absorción, sino varias palancas.

La encapsulación y las estrategias de nanopartículas constituyen el tercer bloque. Incluir el péptido en liposomas, nanopartículas poliméricas o sistemas lipídicos puede protegerlo de las enzimas y modular su liberación. En paralelo, la modificación química del propio péptido —ciclación, incorporación de aminoácidos no naturales, lipidación o pegilación— puede aumentar su resistencia a las proteasas y su vida media, aunque estas modificaciones cambian la molécula y su perfil.

Conviene mantener la perspectiva: estas tecnologías pueden llevar una biodisponibilidad del 0,5 % a unos pocos puntos porcentuales, lo cual es enorme en términos relativos pero sigue siendo bajo en términos absolutos. Además, la eficacia de cada enfoque depende del péptido concreto, y muchas de estas formulaciones son objeto de investigación activa más que soluciones consolidadas. Un producto que se anuncie como «oral» no implica, por sí mismo, que incorpore una tecnología validada ni que alcance una absorción sistémica relevante.

¿Qué vía se recomienda para cada péptido y por qué?

La siguiente tabla resume, de forma orientativa y con fines educativos, la lógica de la vía de administración para varios péptidos de interés frecuente. La columna «racional» explica por qué, que es lo que realmente permite razonar sobre casos nuevos. No se trata de recomendaciones de uso ni de dosis, sino de una síntesis de la evidencia disponible sobre farmacocinética y diana.

PéptidoDiana principalVía con más fundamentoRacional
SemaglutidaSistémica (receptores GLP-1)Inyectable o oral con SNACLa vía oral existe y está aprobada, pero requiere el promotor SNAC y su biodisponibilidad sigue siendo baja (~1 %).
BPC-157Mucosa gastrointestinal (local) y sistémica (preclínica)Oral tiene sentido para diana digestiva localPara la mucosa GI, la baja absorción no es un obstáculo; para efectos sistémicos, la vía inyectable es la más estudiada. Uso solo en investigación.
KPVEpitelio intestinal (local, antiinflamatorio)Oral coherente para diana intestinalTripéptido pequeño; su captación por PepT1 y su diana local hacen razonable la vía oral. Uso solo en investigación.
TB-500 (fragmento de timosina β4)Sistémica (reparación tisular)InyectableMolécula grande (~4 963 Da la timosina β4 completa) con diana sistémica; la vía oral carece de fundamento sólido de absorción.
CJC-1295 / secretagogos de GHSistémica (eje GH)InyectableRequiere circulación sistémica para actuar sobre la hipófisis; la degradación digestiva hace la vía oral inviable sin tecnología avanzada.

La regla que subyace a toda la tabla es sencilla: cuando la diana está dentro del tubo digestivo, la vía oral puede tener sentido pese a la baja absorción; cuando la diana es sistémica, la vía oral solo es viable con tecnologías de mejora que, hasta ahora, se han validado en muy pocos casos.

Para profundizar en péptidos concretos puede consultar las monografías del BPC-157, del TB-500 o la guía de GLP-1. Si le interesa cómo se combinan varios péptidos, el artículo sobre combinación de péptidos ofrece contexto adicional.

Recordatorio: la mayoría de los péptidos mencionados, salvo el semaglutida, se clasifican como productos «solo para investigación» y no están aprobados para uso humano. Su estatus legal varía según la jurisdicción.

¿Qué dice la evidencia sobre BPC-157 y KPV orales para el intestino?

Los dos ejemplos más citados de péptidos con un uso oral fundamentado en la acción local son el BPC-157 y el KPV. Merecen un análisis específico porque ilustran con claridad por qué la biodisponibilidad sistémica deja de ser el parámetro relevante cuando la diana es la propia mucosa digestiva.

El BPC-157 es un péptido de 15 aminoácidos derivado de una secuencia presente en el jugo gástrico. La mayor parte de la evidencia procede de modelos preclínicos (animales), donde se ha estudiado su efecto sobre la integridad de la mucosa gástrica e intestinal y sobre procesos de reparación. Es importante ser preciso: no existen ensayos clínicos de fase III en humanos que respalden estos efectos, y la traslación de los resultados en roedores a las personas no está establecida. Dicho esto, el hecho de que su diana propuesta sea el propio tracto digestivo hace que la administración oral sea conceptualmente coherente, ya que el péptido no necesita alcanzar la circulación general para contactar con la mucosa.

El KPV es un tripéptido (lisina-prolina-valina) que corresponde al extremo C-terminal de la hormona α-melanocito-estimulante (α-MSH). La investigación —de nuevo, mayoritariamente preclínica y en modelos celulares— ha descrito su capacidad para reducir marcadores de inflamación en el epitelio intestinal, y ha señalado que puede ser captado por el transportador de péptidos PepT1, muy expresado en el intestino. Al tratarse de una molécula muy pequeña con una diana intestinal directa, la vía oral tiene, en este caso, un fundamento razonable.

El punto crucial para el lector es no confundir «fundamento conceptual de la vía» con «eficacia demostrada en humanos». Que la vía oral sea coherente para una diana local no significa que el efecto clínico esté probado. En ambos péptidos, la base de evidencia es fundamentalmente experimental y preclínica, y las afirmaciones de eficacia en personas serían prematuras.

Por tanto, la conclusión equilibrada es que BPC-157 y KPV representan casos en los que la vía oral tiene sentido científico por la localización de su diana, sin que ello implique respaldo de resultados clínicos. Cualquier consideración de uso debe pasar por un profesional sanitario y tener en cuenta que son productos de investigación no aprobados.

Seguridad, límites y consideraciones regulatorias

Cerrar esta guía sin abordar la seguridad y el marco regulatorio dejaría un vacío importante, especialmente en un ámbito clasificado como YMYL (temas que pueden afectar a la salud). La información que sigue es de carácter general y educativo.

El primer punto es de estatus regulatorio. Salvo excepciones aprobadas como el semaglutida oral, la mayoría de los péptidos que se comercializan para su administración oral se clasifican como «solo para investigación» (research use only) y no cuentan con aprobación de la FDA ni de la EMA para uso humano. La ausencia de aprobación implica que no se han verificado oficialmente su eficacia, su seguridad, su pureza ni su calidad de fabricación por esas vías.

El segundo punto es la variabilidad de la calidad. En productos no regulados, la cantidad real de péptido, su pureza y la presencia de contaminantes pueden variar de forma notable entre lotes y proveedores. Esta incertidumbre se suma a la incertidumbre biológica de la absorción oral, de modo que un producto «oral» puede aportar una fracción activa difícil de predecir. Ningún péptido debe considerarse «completamente seguro» ni «sin efectos secundarios».

El tercer punto es la distinción entre evidencia preclínica y clínica. Gran parte del interés en torno a péptidos como BPC-157, TB-500 o KPV se apoya en estudios en animales o en cultivos celulares. Estos datos son valiosos para generar hipótesis, pero no equivalen a demostrar eficacia o seguridad en humanos. Mantener esa distinción es un requisito básico de rigor.

El cuarto punto es el estatus legal variable. La legalidad de comprar, poseer o usar determinados péptidos depende de la jurisdicción, y en el ámbito deportivo muchos están vigilados por la AMA (WADA) dentro de categorías como los factores de crecimiento y las hormonas peptídicas. Corresponde a cada persona informarse de la normativa aplicable.

Descargo de responsabilidad: este artículo es exclusivamente educativo y no constituye consejo médico. No recomienda dosis, pautas ni productos concretos. Antes de tomar cualquier decisión relacionada con la salud, consulte a un profesional sanitario cualificado y revise nuestro descargo de responsabilidad médica.

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Preguntas frecuentes

¿Funcionan realmente los péptidos por vía oral?
Depende del objetivo. Para una acción sistémica, la mayoría de los péptidos sin modificar tienen una biodisponibilidad oral muy baja (a menudo <1-2 %), por lo que la vía oral suele ser ineficiente sin tecnologías de mejora. Para una acción local en la mucosa digestiva, la baja absorción no es un problema y la vía oral puede tener fundamento. El semaglutida oral demuestra que la vía oral sistémica es posible, pero solo con formulaciones especializadas.
¿Por qué se inyectan casi todos los péptidos en lugar de tomarse en pastilla?
Porque el tubo digestivo destruye los péptidos. Las proteasas del estómago (pepsina) y del intestino (tripsina, quimotripsina, carboxipeptidasas) rompen los enlaces peptídicos, y la barrera epitelial —con sus uniones estrechas y su capa de moco— deja pasar muy poca cantidad a la sangre. La inyección evita todo ese recorrido y deposita el péptido directamente en un tejido vascularizado.
¿Qué significa una biodisponibilidad oral inferior al 2 %?
Significa que, de toda la dosis ingerida, menos del 2 % llega intacta a la circulación sistémica; el resto se degrada o no se absorbe. Para dianas sistémicas, esto obliga a usar cantidades mucho mayores por vía oral que por inyección para lograr exposiciones comparables. Es un valor típico para muchos péptidos y explica por qué la vía inyectable sigue siendo el patrón de referencia en acción sistémica.
¿Cómo consigue absorberse el semaglutida oral (Rybelsus)?
Gracias a un promotor de absorción llamado SNAC (salcaprozato sódico), que actúa localmente en el estómago elevando el pH alrededor del comprimido, protege al péptido de la degradación y facilita su paso transcelular. Aun así, la biodisponibilidad resultante sigue siendo baja (del orden del 1 %) y su administración exige condiciones estrictas (en ayunas, con poca agua).
¿Por qué la baja absorción no es un problema para péptidos como BPC-157 o KPV orales?
Porque su diana propuesta es el propio tubo digestivo (la mucosa gástrica o intestinal), no la circulación general. Si el objetivo es actuar localmente sobre el epitelio digestivo, que el péptido pase poco a la sangre es irrelevante e incluso puede favorecer un contacto prolongado con la mucosa. La evidencia disponible es, no obstante, mayoritariamente preclínica.
¿Qué tecnologías mejoran la absorción oral de los péptidos?
Las principales son el recubrimiento entérico (protege del ácido gástrico), los promotores de absorción como el SNAC y el caprato sódico (C10), la encapsulación en nanopartículas o liposomas, y la modificación química del péptido (ciclación, lipidación, pegilación) para resistir las proteasas. Ninguna elimina por completo las barreras, pero pueden aumentar la absorción de forma medible.
¿Es más seguro tomar un péptido por vía oral que inyectarlo?
No es una cuestión de seguridad simple. Cada vía tiene consideraciones distintas y la seguridad depende del péptido, la formulación, la pureza y el contexto de uso. Muchos péptidos orales son productos de investigación no aprobados, con calidad variable. Ningún péptido debe considerarse «completamente seguro». Las decisiones sobre la vía de administración corresponden a un profesional sanitario.
¿Puede cualquier péptido formularse para funcionar por vía oral como el semaglutida?
No necesariamente. El SNAC funciona bien para el semaglutida, pero cada péptido tiene su propia estabilidad, tamaño y ventana de absorción, por lo que la misma tecnología no garantiza el mismo resultado. Que exista un péptido oral aprobado no implica que la vía oral sistémica sea trasladable a cualquier otro péptido con éxito.
¿Los estudios sobre péptidos orales son en humanos o en animales?
Depende del péptido. El semaglutida oral cuenta con ensayos clínicos en humanos (programa PIONEER). En cambio, gran parte de la evidencia sobre BPC-157, KPV y otros péptidos de investigación procede de modelos animales y celulares. Los datos preclínicos generan hipótesis, pero no demuestran eficacia ni seguridad en personas.
¿Cómo saber qué vía tiene más sentido para un péptido concreto?
La pregunta clave es dónde debe actuar el péptido. Si la diana está dentro del tubo digestivo, la vía oral puede tener fundamento pese a la baja absorción. Si la diana es sistémica, la vía inyectable suele ser la más estudiada, salvo que exista una tecnología de mejora validada. En todo caso, cualquier decisión sanitaria debe consultarse con un profesional cualificado.

Fuentes

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  2. Aroda VR, Rosenstock J, Terauchi Y, et al. (2019). PIONEER 1: Randomized Clinical Trial of the Efficacy and Safety of Oral Semaglutide Monotherapy in Type 2 Diabetes. Diabetes Care.
  3. Twarog C, Fattah S, Heade J, et al. (2019). Intestinal Permeation Enhancers for Oral Delivery of Macromolecules: A Comparison between Salcaprozate Sodium (SNAC) and Sodium Caprate (C10). Pharmaceutics.
  4. Drucker DJ (2020). Advances in oral peptide therapeutics. Nature Reviews Drug Discovery.
  5. Dalmasso G, Charrier-Hisamuddin L, Nguyen HT, et al. (2008). PepT1-mediated tripeptide KPV uptake reduces intestinal inflammation. Gastroenterology.
  6. Brayden DJ, Hill TA, Fairlie DP, et al. (2020). Systemic delivery of peptides by the oral route: Formulation and medicinal chemistry approaches. Advanced Drug Delivery Reviews.
  7. Sikiric P, Rucman R, Turkovic B, et al. (2011). Stable Gastric Pentadecapeptide BPC 157: Novel Therapy in Gastrointestinal Tract. Current Pharmaceutical Design.

Este contenido se proporciona únicamente con fines informativos y educativos. No constituye asesoramiento médico. Consulte a un profesional de la salud antes de tomar cualquier decisión. Leer nuestro aviso médico completo