¿Qué es exactamente el NAD+ y por qué no es un péptido?
Conviene empezar por donde suele empezar la confusión: el NAD+ (nicotinamida adenina dinucleótido) no es un péptido. No tiene secuencia de aminoácidos, no se sintetiza en un ribosoma y no se comporta farmacológicamente como una molécula peptídica. Es una coenzima de nucleótidos, formada por una unidad de nicotinamida mononucleótido (NMN) y una unidad de adenosina monofosfato (AMP) unidas por un puente pirofosfato. Su fórmula es C₂₁H₂₇N₇O₁₄P₂ y su masa molecular, 663.43 g/mol, es menos de la mitad de la de un péptido corto como el BPC-157.
Que el NAD+ aparezca listado junto a péptidos de investigación en catálogos y foros responde a una lógica comercial, no bioquímica: comparte con ellos el formato de vial liofilizado, la necesidad de reconstitución y un público interesado en longevidad. Esa coincidencia de envase ha acabado generando la expresión "péptido NAD", que es incorrecta. Si busca orientación sobre el manejo de viales liofilizados en general, la guía de conservación de péptidos cubre los principios físicos comunes, aunque el producto en cuestión no sea un péptido.
El NAD+ existe en dos formas interconvertibles: la oxidada (NAD+), capaz de aceptar electrones, y la reducida (NADH), capaz de cederlos. Esta pareja redox es uno de los ejes del metabolismo intermediario. A su lado existe una segunda pareja, NADP+/NADPH, fosforilada y dedicada sobre todo a reacciones de biosíntesis y de defensa antioxidante. Cuando se habla de "niveles de NAD+" en artículos divulgativos rara vez se especifica cuál de estas formas se está midiendo, ni en qué compartimento celular, y esa imprecisión explica buena parte de las contradicciones aparentes de la literatura.
El organismo humano sintetiza NAD+ por tres rutas: la de novo a partir del triptófano, la ruta de rescate a partir de nicotinamida, y la ruta de Preiss-Handler a partir de ácido nicotínico. La ruta de rescate es cuantitativamente dominante en la mayoría de los tejidos, lo que significa que el NAD+ se recicla continuamente en vez de acumularse. Este detalle es central para entender por qué aportar NAD+ desde fuera no es equivalente a aumentar el NAD+ dentro de la célula.
Aviso: este artículo tiene finalidad informativa y educativa. No constituye consejo médico y no debe utilizarse para tomar decisiones sobre la propia salud sin la intervención de un profesional sanitario.
¿Qué funciones cumple el NAD+ dentro de la célula?
La función más antigua y mejor caracterizada del NAD+ es la de transportador de electrones. En la glucólisis, en la beta oxidación de ácidos grasos y en el ciclo de Krebs, el NAD+ acepta electrones y se convierte en NADH, que a su vez los cede al complejo I de la cadena respiratoria mitocondrial. Ese flujo sostiene la síntesis de ATP. Sin un cociente NAD+/NADH adecuado, las deshidrogenasas que dependen de él se frenan y la producción de energía cae. Esta parte de la historia no está en discusión: es bioquímica de libro de texto.
La segunda función es más reciente y explica el interés en el envejecimiento. Existe un grupo de enzimas que no usan el NAD+ como cofactor reciclable, sino que lo consumen, rompiendo el enlace entre la nicotinamida y la ribosa. Las principales son:
- Sirtuinas (SIRT1 a SIRT7): desacetilasas y acil transferasas dependientes de NAD+ que modifican histonas y proteínas reguladoras. Su actividad conecta el estado energético de la célula con la expresión génica, la biogénesis mitocondrial y la respuesta al estrés.
- PARP (poli-ADP-ribosa polimerasas): se activan ante roturas del ADN y utilizan NAD+ para construir cadenas de ADP-ribosa que reclutan la maquinaria de reparación. Un daño genómico intenso o sostenido se traduce en un consumo elevado de NAD+.
- CD38 y CD157: glicohidrolasas de superficie celular que degradan NAD+ y sus precursores, y cuya actividad se ha descrito como creciente en tejidos con inflamación crónica en modelos animales.
Esta arquitectura genera una hipótesis atractiva: si con la edad aumenta el daño al ADN y la inflamación, las PARP y CD38 consumirían más NAD+, quedaría menos sustrato para las sirtuinas y el resultado sería un deterioro metabólico progresivo. El trabajo de Massudi y colaboradores en tejido humano (PLoS One, 2012) aportó apoyo indirecto a esta idea al documentar, en muestras de piel pélvica de 49 personas de entre 0 y 77 años, una correlación negativa robusta entre los niveles de NAD+ y la edad, tanto en varones (p = 0,001; r = -0,706) como en mujeres (p = 0,01; r = -0,537), junto con signos de hiperactivación de PARP.
Conviene subrayar que una hipótesis coherente no es lo mismo que una cadena causal demostrada en humanos. El paso de "las sirtuinas necesitan NAD+" a "aportar NAD+ prolonga la salud" requiere demostrar que el sustrato es limitante in vivo, que la suplementación llega al compartimento adecuado y que ese cambio produce un beneficio clínico medible. Ninguno de esos tres eslabones está hoy cerrado en personas.
¿Realmente disminuye el NAD+ con la edad?
Esta es la afirmación que sostiene todo el mercado del NAD+, y también la que menos resiste una lectura detallada. La versión corta: en roedores la evidencia es amplia y bastante consistente; en humanos es fragmentaria, dependiente del tejido y del método analítico, y en algunos compartimentos directamente negativa.
Peluso, Damgaard, Mori y Treebak revisaron sistemáticamente esta cuestión en Nutrients (2022) bajo un título que resume su conclusión: verdad universal o consenso confundido. Su análisis encontró que, pese a las afirmaciones generalizadas sobre una caída global del NAD+ con el envejecimiento, la evidencia que las respalda es muy limitada y con frecuencia se restringe a un único tejido o tipo celular. Esto es especialmente cierto en humanos, donde la evolución de los niveles de NAD+ durante el envejecimiento sigue mal caracterizada. Los autores pedían estudios más amplios y preferiblemente longitudinales.
Parte de esa petición se ha cumplido. Trętowicz y colaboradores publicaron en Nature Metabolism (2026) una cuantificación de NAD+ mediante cromatografía líquida de ultra alta resolución acoplada a espectrometría de masas en siete cohortes humanas independientes. El hallazgo fue que los niveles de NAD+ en sangre total se mantienen notablemente estables con la edad y a través de intervenciones de estilo de vida, aunque sí cambian, como era de esperar, en respuesta a la suplementación con nicotinamida ribósido. La conclusión de los autores cuestiona directamente la utilidad del NAD+ sanguíneo como biomarcador de envejecimiento.
¿Contradice esto a Massudi? No necesariamente. La sangre y la piel son compartimentos distintos, y un descenso tisular puede coexistir con una concentración circulante estable, igual que la glucemia no informa del glucógeno hepático. Lo que sí indica es que la frase "tu NAD+ baja un porcentaje X por década", repetida en material promocional, no tiene un respaldo humano sólido y desde luego no puede verificarse con un análisis de sangre comercial.
La revisión de Vinten y colaboradores en Nature Metabolism (2025) sobre suplementación con precursores de NAD+ en el envejecimiento humano llega a una síntesis similar: la evidencia de un declive relacionado con la edad en humanos se ha observado de forma consistente solo en un número limitado de estudios, el cuerpo de datos sobre la dinámica del NAD+ en tejidos humanos sigue siendo escaso, y la extrapolación desde roedores no es directa. Cualquier discurso que presente la caída del NAD+ humano como un hecho cerrado está adelantándose a los datos.
¿Qué diferencia hay entre inyectar NAD+ y tomar precursores orales?
La diferencia no es de "potencia" sino de biología. El NAD+ es una molécula grande, cargada y fosforilada: no atraviesa con facilidad la membrana plasmática. Para que el NAD+ extracelular aumente el NAD+ intracelular debe primero ser degradado por ectoenzimas de superficie (CD38, NAD+ pirofosfatasas) hasta precursores más pequeños, que entonces entran en la célula y se reensamblan por la ruta de rescate. Dicho de otro modo, incluso cuando se administra NAD+ intacto por vía intravenosa, lo que probablemente llega al interior celular son sus fragmentos.
Los precursores orales aprovechan esa misma ruta, pero desde el principio. El nicotinamida ribósido (NR) y el NMN son moléculas más pequeñas con transportadores y rutas de captación descritas; la niacina (ácido nicotínico) entra por la vía de Preiss-Handler y es, con diferencia, la opción más antigua y barata. La nicotinamida, forma de vitamina B3 sin efecto rubefaciente, alimenta directamente la ruta de rescate.
| Vía | Qué se administra | Evidencia humana publicada | Observación |
|---|---|---|---|
| Oral: NR | Precursor pequeño | Numerosos ensayos aleatorizados y controlados con placebo | Eleva el NAD+ sanguíneo de forma dosis dependiente |
| Oral: NMN | Precursor pequeño | Varios ensayos aleatorizados, tamaños muestrales reducidos | Eleva el NAD+ sanguíneo; resultados clínicos heterogéneos |
| Oral: niacina | Vitamina B3 | Décadas de uso, sobre todo en lipidología | Rubefacción (flushing) característica y dosis dependiente |
| Intravenosa: NAD+ | Coenzima completa | Estudios piloto muy pequeños | Farmacocinética lenta e incompleta descrita en un único estudio |
| Subcutánea: NAD+ | Coenzima completa | Prácticamente inexistente en la literatura revisada por pares | Uso extendido sin respaldo de ensayos publicados |
El argumento de venta habitual a favor de la inyección es que "evita el primer paso hepático". Es cierto en términos formales, pero irrelevante si la molécula no puede entrar en la célula sin degradarse antes. La vía inyectable resuelve un problema de biodisponibilidad sistémica que los precursores orales ya resuelven razonablemente bien, y no resuelve el problema real, que es la permeabilidad de membrana.
Quien compare el NAD+ con compuestos que sí son péptidos, como el epitalón o el MOTS-c, encontrará categorías farmacológicas distintas que a menudo se agrupan bajo la misma etiqueta de longevidad. Esa agrupación es de marketing; el panorama general de esa categoría se aborda en el artículo sobre péptidos anti-aging. Las cuestiones prácticas de administración parenteral, comunes a cualquier producto inyectable de investigación, se tratan por separado en la guía sobre cómo se inyectan los péptidos.
¿Qué muestran los ensayos en humanos con precursores orales?
Aquí sí hay datos, y son los más sólidos de todo el campo. Hay que separar dos preguntas: ¿sube el NAD+? y ¿sirve para algo medible?
Sobre la primera, la respuesta es afirmativa y cuantificada. Conze, Brenner y Kruger publicaron en Scientific Reports (2019) un ensayo aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo de 8 semanas en adultos con sobrepeso pero por lo demás sanos. El consumo de 100, 300 y 1 000 mg de NR aumentó el NAD+ en sangre total de forma dosis dependiente y significativa, en un 22 %, 51 % y 142 % respectivamente, en un plazo de 2 semanas, y el incremento se mantuvo durante el resto del estudio. No hubo casos de rubefacción ni diferencias significativas en eventos adversos frente a placebo. Con NMN, Igarashi y colaboradores (npj Aging, 2022) administraron 250 mg diarios a varones mayores sanos en un ensayo aleatorizado doble ciego de grupos paralelos: a las 12 semanas el NAD+ en sangre total se había multiplicado por 2,57 respecto al valor basal, con buena tolerancia.
Sobre la segunda pregunta, el panorama es mucho más sobrio. Martens y colaboradores (Nature Communications, 2018) realizaron un ensayo cruzado de 2 x 6 semanas, doble ciego y controlado con placebo, con 1 000 mg diarios de NR en adultos sanos de mediana edad y mayores: el NAD+ se elevó alrededor de un 60 % y el tratamiento fue bien tolerado, pero las reducciones de presión arterial sistólica y de rigidez aórtica fueron tendencias que no alcanzaron significación estadística en el conjunto del grupo. Dollerup y colaboradores (American Journal of Clinical Nutrition, 2018) administraron 2 000 mg diarios de NR durante 12 semanas a 40 varones obesos e insulinorresistentes: el tratamiento resultó seguro, pero no mejoró la sensibilidad a la insulina medida con pinza euglucémica hiperinsulinémica, ni modificó la composición corporal, la glucemia en ayunas, la HbA1c, el colesterol ni la ALT.
Elhassan y colaboradores (Cell Reports, 2019) suplementaron a 12 varones de 70 a 80 años con 1 g de NR al día durante 21 días en diseño cruzado: el metaboloma de NAD+ del músculo esquelético aumentó y se observó una firma transcriptómica de regulación a la baja de las vías de metabolismo energético y mitocondriales, sin cambios en la bioenergética mitocondrial, junto a una supresión de ciertas citoquinas inflamatorias circulantes. Con NMN, Yoshino y colaboradores (Science, 2021) describieron una mejora de la sensibilidad a la insulina muscular en mujeres posmenopáusicas con sobrepeso u obesidad y prediabetes tras 250 mg diarios durante 10 semanas, si bien no detectaron un aumento del contenido de NAD+ en el músculo, un resultado que complica la interpretación mecanicista.
La síntesis crítica más citada es la de Damgaard y Treebak en Science Advances (2023), que revisó los 25 artículos publicados hasta entonces sobre suplementación con NR en humanos y concluyó que esta ha mostrado pocos efectos clínicamente relevantes, señalando además una tendencia en la literatura a exagerar la importancia y robustez de los hallazgos. Elevar el NAD+ sanguíneo es, hoy por hoy, un objetivo alcanzable; traducirlo en un beneficio clínico demostrado no lo es.
¿Qué datos humanos existen sobre el NAD+ intravenoso y subcutáneo?
Muchos menos de los que sugiere la oferta comercial. Conviene decirlo con claridad: frente a decenas de ensayos aleatorizados con precursores orales, la literatura revisada por pares sobre NAD+ administrado por vía parenteral en humanos se reduce a un puñado de estudios piloto, ninguno diseñado para demostrar eficacia clínica.
El trabajo de referencia es el de Grant y colaboradores (Frontiers in Aging Neuroscience, 2019), un estudio piloto de farmacocinética en 8 participantes varones sometidos a una perfusión intravenosa de NAD+ de 6 horas a un ritmo de 3 µmol/min, equivalente a 750 mg en total. El resultado fue contraintuitivo para quien espera un efecto inmediato: no se observó ningún cambio en el NAD+ plasmático ni en sus metabolitos (nicotinamida, metilnicotinamida, ADP-ribosa y NMN) hasta pasadas 2 horas. Los autores concluyeron que, a ese ritmo de perfusión, el NAD+ es retirada del plasma de forma rápida y completa durante al menos las dos primeras horas. A las 6 horas se detectó un aumento de la excreción urinaria de metilnicotinamida y de NAD+, es decir, parte de lo administrado se estaba eliminando.
Dos lecturas se desprenden de ahí. La primera es que el organismo procesa el NAD+ intravenoso antes de que aparezca como tal en circulación, lo que encaja con el modelo de degradación extracelular descrito más arriba. La segunda es que un estudio de 8 hombres, sin grupo control y sin variables clínicas, no permite ninguna afirmación sobre energía, función cognitiva, recuperación ni envejecimiento. Es un estudio de farmacocinética, y como tal debe citarse.
Más recientemente, Reyna y colaboradores (Frontiers in Aging, 2026) publicaron una revisión retrospectiva de historias clínicas electrónicas en un entorno comercial real, comparando perfusiones de 500 mg de NAD+ (n = 6) frente a NR intravenoso (n = 8) durante cuatro días consecutivos con 30 días de seguimiento. Es, de nuevo, una muestra diminuta y observacional, sin aleatorización. Su aportación principal no es de eficacia sino de tolerabilidad, y se detalla en la sección siguiente.
Sobre la vía subcutánea, que es la que más se ha extendido en el uso doméstico por su comodidad, la situación es aún más escueta: no existen ensayos clínicos publicados y revisados por pares que caractericen su farmacocinética, su seguridad ni su eficacia en humanos. Hay registros de ensayos de inyección subcutánea e intramuscular de derivados de nicotinamida ribósido en bases de datos públicas, pero registrar un ensayo no equivale a disponer de resultados. Cualquier afirmación sobre lo que hace el NAD+ subcutáneo en el cuerpo humano es, a fecha de hoy, extrapolación.
¿Qué efectos adversos se han descrito?
El perfil descrito difiere mucho según la vía de administración, y ese contraste es informativo por sí mismo.
Con precursores orales, la tolerancia ha sido buena en los ensayos controlados. El estudio de 8 semanas de Conze y colaboradores no encontró diferencias significativas en eventos adversos entre NR y placebo, ni entre las distintas dosis de NR, y registró específicamente ausencia de rubefacción. El ensayo de Dollerup con 2 000 mg diarios durante 12 semanas concluyó que la pauta parecía segura. Igarashi describió 250 mg diarios de NMN durante 12 semanas como seguros y bien tolerados en varones mayores sanos. La excepción clásica dentro de la familia es la niacina (ácido nicotínico), cuya rubefacción cutánea, mediada por prostaglandinas, es dosis dependiente y bien conocida desde hace décadas. Ese efecto no aparece con nicotinamida, NR ni NMN.
Con NAD+ intravenoso el cuadro cambia. En la revisión retrospectiva de Reyna y colaboradores, el 100 % de los receptores de NAD+ IV experimentó malestar gastrointestinal de intensidad moderada a grave, presión torácica y elevación de la frecuencia cardiaca, con síntomas de perfusión descritos como náuseas, calambres y molestia torácica. El tiempo medio de perfusión fue de 97 minutos en el grupo NAD+, frente a 37 minutos en el grupo NR, precisamente porque la velocidad debe reducirse para que los síntomas resulten soportables. En el grupo de NR intravenoso, el 62,5 % refirió únicamente hormigueo leve y calambres menores. En ambos grupos los síntomas se resolvieron al finalizar la perfusión durante el seguimiento de 30 días.
Estos datos proceden de 14 personas en total y de un diseño retrospectivo sin control: no permiten estimar incidencias poblacionales ni descartar efectos raros. Lo que sí documentan de forma coherente con la experiencia clínica informal es que la perfusión rápida de NAD+ produce síntomas agudos reconocibles, y que la lentitud de las sesiones no es una elección de confort sino una necesidad.
A los efectos ligados a la molécula hay que sumar los riesgos inherentes a cualquier inyección: infección local, extravasación, reacción en el punto de punción y, en el caso de preparaciones no estériles, contaminación microbiana o por endotoxinas. Estos riesgos dependen de la calidad del producto y de la técnica, no del NAD+ en sí. Consulte siempre a un profesional sanitario antes de considerar cualquier producto inyectable, y con mayor motivo en caso de embarazo, lactancia, patología cardiovascular, hepática o renal, o tratamiento farmacológico concomitante.
¿Cuál es el estatus regulatorio del NAD+ inyectable?
Hay que distinguir tres situaciones jurídicas distintas que a menudo se mezclan: los precursores orales como complementos alimenticios, el NAD+ inyectable de preparación magistral, y el NAD+ vendido como material de investigación.
Los precursores orales se comercializan mayoritariamente bajo el marco de los complementos alimenticios. En Estados Unidos, el cloruro de nicotinamida ribósido cuenta con reconocimiento de seguridad para uso alimentario. El NMN tuvo una trayectoria regulatoria accidentada: la FDA comunicó en 2022 que quedaba excluido de la definición de complemento alimenticio por haber sido objeto previo de investigación como fármaco, decisión que fue impugnada por la industria y que la agencia revirtió el 29 de septiembre de 2025, al aceptar pruebas de que el NMN se comercializaba como complemento en el país ya en 2017. En la Unión Europea, los precursores se rigen por el reglamento de nuevos alimentos, con situaciones que difieren entre sustancias y que conviene verificar caso por caso.
El NAD+ inyectable ocupa una posición distinta y más frágil. No existe un medicamento de NAD+ inyectable aprobado para ninguna indicación. Los productos utilizados en las clínicas que ofrecen sueros de NAD+ proceden habitualmente de farmacias de formulación magistral, y los preparados magistrales no están aprobados por la FDA ni pasan por una revisión previa de seguridad, eficacia y calidad. La propia agencia ha advertido públicamente sobre la existencia de formuladores que emplean NAD+ de grado alimentario, vendido por reenvasadores, para elaborar productos intravenosos: los ingredientes de grado alimentario no son aptos para la elaboración de medicamentos estériles sin un procesamiento adecuado, por el riesgo elevado de contaminación por microorganismos y endotoxinas.
El NAD+ vendido como producto de investigación es una tercera categoría: se etiqueta explícitamente para uso exclusivo en laboratorio y no para consumo humano. Esta etiqueta no es un tecnicismo decorativo, sino la condición legal bajo la que se comercializa. La situación regulatoria varía además de forma sustancial entre jurisdicciones, y lo que es legalmente accesible en un país puede no serlo en otro.
En cuanto a disponibilidad, en el catálogo de proveedores afiliados que seguimos, el NAD+ figura actualmente en AminoClub, que envía únicamente a Estados Unidos. CertaPeptides lo ha retirado de su oferta. Dado que este artículo tiene un propósito informativo, los criterios de selección de proveedor, pureza, certificados de análisis y comparativa de precios se tratan en detalle en la guía específica sobre dónde comprar NAD+.
¿Qué sigue sin saberse sobre el NAD+?
Una guía honesta debe terminar por el inventario de lo que falta, porque en este campo la lista de incógnitas es más larga que la de certezas.
No se sabe si el NAD+ tisular humano cae de forma generalizada con la edad. La revisión de Peluso y colaboradores describió la evidencia como muy limitada y a menudo restringida a un solo tejido, y el análisis multicohorte de Trętowicz en Nature Metabolism no halló variación con la edad en sangre total. Sin una respuesta firme a esta pregunta, toda la premisa terapéutica queda en suspenso.
No se sabe qué compartimentos alcanza el NAD+ administrado. Elevar el NAD+ en sangre total es fácil de demostrar; demostrar que sube en el músculo, en el hígado, en el cerebro o en la mitocondria de una célula concreta es otra cosa. El propio estudio de Yoshino en Science observó una mejora de la sensibilidad a la insulina muscular sin detectar un aumento del contenido de NAD+ en el músculo, lo que sugiere que el mecanismo puede no ser el que se asume.
No se sabe si la inyección aporta alguna ventaja sobre la vía oral. No existe ningún ensayo comparativo aleatorizado con potencia suficiente que enfrente NAD+ inyectable a precursor oral sobre un desenlace clínico. El único dato comparativo publicado es observacional, con 14 participantes, y apunta a peor tolerancia de la vía intravenosa con NAD+ que con NR.
No se conocen los efectos a largo plazo. Los ensayos publicados con precursores duran entre semanas y unos pocos meses. La exposición sostenida durante años a concentraciones elevadas de metabolitos de NAD+ no ha sido estudiada. Existe además un debate abierto sobre la relación entre metabolismo del NAD+ y proliferación celular que merece prudencia en poblaciones con antecedentes oncológicos, y que no está resuelto.
No se sabe si el NAD+ sanguíneo sirve como biomarcador. Los autores de Nature Metabolism cuestionan explícitamente su utilidad como marcador de envejecimiento o de estilo de vida. Medirse el NAD+ antes y después de una intervención puede mostrar un cambio farmacológico real sin que ese cambio signifique nada clínicamente.
Recordatorio final: este contenido tiene fines educativos y no sustituye el criterio de un profesional sanitario. No incluye ninguna recomendación de dosis ni protocolo de administración de forma deliberada, porque la evidencia disponible no permite formularla con responsabilidad. Cualquier decisión relativa al uso de NAD+ o de sus precursores debe tomarse con supervisión médica y con conocimiento del marco legal aplicable en su país.
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Preguntas frecuentes
¿El NAD+ es un péptido?
¿La inyección de NAD+ es más eficaz que los suplementos orales?
¿Cuánto NAD+ se pierde con la edad?
¿Qué efectos secundarios se han descrito durante una perfusión intravenosa de NAD+?
¿Los precursores orales aumentan realmente el NAD+ en sangre?
¿Por qué la niacina produce rubefacción y el nicotinamida ribósido no?
¿Está aprobado el NAD+ inyectable por la FDA o la EMA?
¿Sirve medirse los niveles de NAD+ en sangre?
Fuentes
- Massudi H, Grant R, Braidy N, Guest J, Farnsworth B, Guillemin GJ (2012). Age-associated changes in oxidative stress and NAD+ metabolism in human tissue. PLoS ONE.
- Peluso A, Damgaard MV, Mori MAS, Treebak JT (2022). Age-dependent decline of NAD+: universal truth or confounded consensus?. Nutrients.
- Trętowicz MM, Scantlebery AML, Schomakers BV, et al. (2026). Human whole-blood NAD+ levels do not vary with age or lifestyle interventions. Nature Metabolism.
- Vinten J, Trętowicz M, Coskun T, et al. (2025). NAD+ precursor supplementation in human ageing: clinical evidence and challenges. Nature Metabolism.
- Conze D, Brenner C, Kruger CL (2019). Safety and metabolism of long-term administration of NIAGEN (nicotinamide riboside chloride) in a randomized, double-blind, placebo-controlled clinical trial of healthy overweight adults. Scientific Reports.
- Martens CR, Denman BA, Mazzo MR, et al. (2018). Chronic nicotinamide riboside supplementation is well-tolerated and elevates NAD+ in healthy middle-aged and older adults. Nature Communications.
- Elhassan YS, Kluckova K, Fletcher RS, et al. (2019). Nicotinamide riboside augments the aged human skeletal muscle NAD+ metabolome and induces transcriptomic and anti-inflammatory signatures. Cell Reports.
- Dollerup OL, Christensen B, Svart M, et al. (2018). A randomized placebo-controlled clinical trial of nicotinamide riboside in obese men: safety, insulin-sensitivity, and lipid-mobilizing effects. The American Journal of Clinical Nutrition.
- Yoshino M, Yoshino J, Kayser BD, et al. (2021). Nicotinamide mononucleotide increases muscle insulin sensitivity in prediabetic women. Science.
- Igarashi M, Nakagawa-Nagahama Y, Miura M, et al. (2022). Chronic nicotinamide mononucleotide supplementation elevates blood nicotinamide adenine dinucleotide levels and alters muscle function in healthy older men. npj Aging.
- Grant R, Berg J, Mestayer R, Braidy N, Bennett J, Broom S, Watson J (2019). A pilot study investigating changes in the human plasma and urine NAD+ metabolome during a 6 hour intravenous infusion of NAD+. Frontiers in Aging Neuroscience.
- Reyna K, Heinzen G, Patel N, Ritter M, Siojo A, Legere H, Pojednic R (2026). Intravenous infusion of nicotinamide adenine dinucleotide (NAD+) versus nicotinamide riboside (NR): a retrospective tolerability pilot study in a real-world setting. Frontiers in Aging.
- Damgaard MV, Treebak JT (2023). What is really known about the effects of nicotinamide riboside supplementation in humans. Science Advances.
- U.S. Food and Drug Administration (2025). FDA reminds compounders to use ingredients suitable for sterile compounding. FDA Human Drug Compounding.