Puntos clave
  • La somatropina (HGH recombinante) sustituye la hormona directamente y no depende de la hipófisis; los péptidos secretagogos solo funcionan si la hipófisis conserva capacidad de secreción.
  • La somatropina cuenta con indicaciones autorizadas bien delimitadas, entre ellas el déficit de GH confirmado mediante pruebas de estímulo, siempre bajo prescripción médica.
  • Entre los secretagogos, la tesamorelina es el único con autorización de la FDA, limitada a la reducción del exceso de grasa abdominal en personas con VIH y lipodistrofia.
  • Sermorelina, CJC-1295, ipamorelina y GHRP-6 se venden como péptidos de investigación: su evidencia humana es escasa, mayoritariamente de fase temprana, y no existe autorización para uso general.
  • La revisión sistemática de Liu y colaboradores no encontró apoyo para la idea de que la GH mejore el rendimiento deportivo, y documentó más edema de tejidos blandos y fatiga en los tratados.
  • Ambas familias figuran en la clase S2 de la Agencia Mundial Antidopaje y están prohibidas en todo momento, dentro y fuera de competición.
  • El IGF-1 es el marcador de seguimiento habitual porque integra la exposición a GH durante días, a diferencia de la GH circulante, que es pulsátil y de vida muy corta.
HGH frente a péptidos secretagogos de un vistazo
HGH
Somatropina recombinante, proteína de 191 aminoácidos idéntica a la hormona de crecimiento humana, disponible únicamente como medicamento con receta.
Déficit hormonal confirmado médicamente
vs
Péptidos secretagogos de GH
Péptidos como sermorelina, CJC-1295, ipamorelina o GHRP-6 que estimulan la secreción hipofisaria de GH y conservan el patrón pulsátil endógeno.
Investigación sobre el eje somatotropo
La HGH entra en escena si existe un déficit de GH documentado y un médico establece la indicación.
Los secretagogos interesan si el objetivo es estudiar la regulación fisiológica de la hipófisis en contexto de investigación.

¿Qué separa realmente la HGH de los péptidos secretagogos?

La comparación entre HGH y péptidos secretagogos se repite constantemente en foros y catálogos, casi siempre planteada como si fueran dos versiones del mismo producto con distinta potencia. No lo son. Se trata de dos categorías farmacológicas distintas, con mecanismos opuestos, niveles de evidencia muy desiguales y marcos regulatorios que no tienen nada en común.

La HGH, cuyo nombre farmacológico es somatropina, es una proteína recombinante de 191 aminoácidos con la misma secuencia que la hormona de crecimiento producida por la hipófisis humana. Se fabrica en condiciones de calidad farmacéutica, se comercializa como medicamento y en todas las jurisdicciones relevantes requiere receta médica. Cuando se administra, el organismo recibe la hormona terminada: no hay ningún paso intermedio que el cuerpo pueda modular.

Los secretagogos, en cambio, son moléculas que actúan un escalón más arriba, sobre la propia hipófisis. Se dividen en dos subfamilias. Los análogos de GHRH (hormona liberadora de hormona de crecimiento) incluyen la sermorelina, el CJC-1295 y la tesamorelina. Los péptidos liberadores de GH o GHRP, que actúan sobre el receptor de la grelina, incluyen la ipamorelina y el GHRP-6. A menudo se cita junto a ellos el MK-677 o ibutamoren, que comparte el mismo receptor pero no es un péptido: es una molécula pequeña de administración oral.

La consecuencia práctica de esta diferencia es importante. Un secretagogo necesita una hipófisis capaz de responder. Si la glándula está ausente, dañada por cirugía o radioterapia, o carece de reserva somatotropa, ninguna estimulación generará hormona. La somatropina no tiene esa limitación, porque no pide nada al organismo. Esa es la razón por la que la revisión de Prakash y Goa sobre sermorelina señalaba ya en 1999 que el péptido no permite detectar los déficits de origen hipotalámico, puesto que actúa a nivel hipofisario.

Este artículo compara exclusivamente las dos familias desde el punto de vista farmacológico y regulatorio. No contiene pautas de administración ni protocolos de ningún tipo. Cualquier decisión sobre el eje somatotropo corresponde a un profesional sanitario.

¿Cómo actúa la somatropina recombinante en el organismo?

La somatropina actúa como la hormona endógena: se une al receptor de GH, un receptor de membrana que dimeriza al unir la hormona y activa la vía JAK2/STAT5 en el interior de la célula. Esta señal se traduce en dos tipos de efectos. Unos son directos, sobre el tejido adiposo y el músculo, e incluyen la estimulación de la lipólisis y la reducción de la captación de glucosa. Otros son indirectos y están mediados por el IGF-1, cuya síntesis hepática aumenta tras la estimulación por GH.

El IGF-1 es el principal responsable de los efectos anabólicos y de crecimiento tisular atribuidos a la GH. Esta arquitectura de dos niveles explica por qué el eje se denomina habitualmente eje GH/IGF-1 y por qué la evaluación clínica nunca se limita a medir una sola de las dos moléculas.

La administración exógena introduce una diferencia fisiológica relevante: suprime el patrón de secreción natural. La hipófisis libera GH en pulsos, concentrados principalmente durante el sueño profundo, con valles prolongados entre ellos. Cuando se aporta hormona desde fuera, se superpone un perfil farmacocinético que no reproduce esa alternancia, y la retroalimentación negativa ejercida por el IGF-1 y por la somatostatina reduce la secreción propia. Es un rasgo intrínseco a cualquier terapia de sustitución hormonal, no un defecto de fabricación.

En el contexto clínico autorizado, esta previsibilidad es precisamente la ventaja. La guía de práctica clínica de la Endocrine Society sobre déficit de GH en el adulto describe un modelo de tratamiento individualizado, iniciado con cantidades bajas y ajustado progresivamente en función de la respuesta clínica y de la concentración de IGF-1, que debe mantenerse dentro del intervalo de referencia ajustado por edad y sexo. El ajuste lo realiza un endocrinólogo con analíticas seriadas; no es una variable que el usuario pueda estimar por sí mismo.

Conviene recordar que la somatropina no es una molécula benigna por el hecho de ser idéntica a la humana. Su potencia metabólica es la misma que la de la hormona endógena, y el exceso sostenido reproduce, en grado variable, los rasgos de la acromegalia.

¿Cómo estimulan los péptidos secretagogos a la hipófisis?

Los análogos de GHRH se unen al receptor de GHRH en las células somatotropas de la hipófisis anterior y desencadenan la liberación de los gránulos de GH almacenados. La sermorelina es el fragmento GHRH(1-29)-NH₂, el péptido sintético más corto que conserva la actividad biológica completa de la hormona hipotalámica. Su limitación principal es farmacocinética: se degrada con rapidez por acción de la dipeptidil peptidasa 4, con una semivida muy breve.

El CJC-1295 se diseñó para resolver ese problema mediante sustituciones de aminoácidos que lo hacen resistente a la degradación enzimática. El estudio de Ionescu y Frohman, publicado en el Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism en 2006, examinó la pulsatilidad de la GH en varones sanos de 20 a 40 años antes y una semana después de una inyección de CJC-1295. El resultado fue instructivo: la secreción de GH aumentó manteniendo la pulsatilidad, con frecuencia y magnitud de los pulsos sin cambios, mientras que los valores basales o valle se elevaron de forma marcada, en torno a 7,5 veces. En conjunto, la GH media aumentó un 46 % y el IGF-1 un 45 %.

Este dato es el argumento central de quienes defienden los secretagogos frente a la hormona directa: la hipófisis sigue marcando el ritmo, y los mecanismos de retroalimentación permanecen operativos, lo que en teoría pone un techo fisiológico a la exposición. El mismo estudio muestra, sin embargo, que la elevación de los valles modifica el perfil de exposición, de modo que la estimulación continuada no equivale exactamente a una secreción fisiológica.

Los GHRP actúan por una vía distinta, el receptor de secretagogos de GH, que es el receptor fisiológico de la grelina. Amplifican la respuesta somatotropa y además suprimen parcialmente el tono de somatostatina, por lo que su efecto es sinérgico con el de los análogos de GHRH. La diferencia clave dentro de esta subfamilia es la selectividad. El trabajo original de Raun y colaboradores en European Journal of Endocrinology describió la ipamorelina como el primer secretagogo selectivo de GH, un pentapéptido con potencia y eficacia liberadora elevadas que, a diferencia del GHRP-6, no elevaba de forma apreciable la ACTH ni el cortisol en los modelos estudiados.

¿Qué muestran los ensayos clínicos de cada familia?

La asimetría de evidencia entre las dos familias es el punto más importante de toda la comparación, y conviene exponerlo sin matizarlo. La somatropina acumula décadas de ensayos controlados en indicaciones definidas, con desarrollo regulatorio completo. Los secretagogos presentan un espectro muy desigual: un único compuesto con ensayos de fase 3 publicados y aprobación, y varios otros cuya documentación humana es fragmentaria o inexistente.

El ensayo de referencia del lado secretagogo es el de Falutz y colaboradores, publicado en el New England Journal of Medicine en 2007. Asignó aleatoriamente 412 pacientes con VIH (86 % varones) y acumulación de grasa abdominal a tesamorelina o placebo durante 26 semanas. El tejido adiposo visceral descendió un 15,2 % en el grupo tratado, frente a un aumento del 5,0 % en el grupo placebo. Este resultado, confirmado posteriormente, es el que sustenta la autorización de la tesamorelina.

En el extremo opuesto se sitúa la literatura sobre rendimiento. La revisión sistemática de Liu y colaboradores en Annals of Internal Medicine identificó 44 artículos sobre 27 cohortes, con 440 participantes (85 % varones, edad media 27 años), de los cuales 303 recibieron GH con pautas heterogéneas. La conclusión de los autores fue explícita: las afirmaciones de que la hormona de crecimiento mejora el rendimiento físico no están respaldadas por la literatura científica. La evidencia disponible sugería un aumento de la masa corporal magra sin mejora de la fuerza, con posible deterioro de la capacidad de ejercicio y más efectos adversos. Si la hormona directa no demuestra ese beneficio, extrapolarlo a los péptidos que la estimulan de forma indirecta carece de base. El uso de péptidos con fines estéticos o de entrenamiento se aborda, con su propio marco de evidencia, en nuestro artículo sobre péptidos y musculación.

El caso del MK-677 ilustra bien el límite de la extrapolación. El ensayo de Nass y colaboradores, también en Annals of Internal Medicine (2008), estudió 65 adultos sanos de 60 a 81 años con este mimético oral de la grelina. La administración diaria restauró los valores de GH e IGF-1 a los propios de adultos jóvenes, el peso corporal aumentó 2,7 kg frente a 0,8 kg con placebo, y la masa libre de grasa aumentó en el grupo tratado mientras disminuía en el grupo control. Son cambios de composición corporal reales, pero no se tradujeron en la mejora funcional que buscaban los investigadores, y el compuesto no obtuvo aprobación.

De la sermorelina existe una base pediátrica antigua y limitada. Para CJC-1295, ipamorelina y GHRP-6 en población general sana no hay ensayos de fase 3 publicados que respalden un uso terapéutico, un punto que recoge la revisión de 2026 de Dominikowski y colaboradores en Frontiers in Endocrinology, dedicada precisamente a contrastar la evidencia revisada por pares con los protocolos que circulan en internet.

¿Qué indicaciones están autorizadas para cada opción?

La somatropina tiene un conjunto de indicaciones autorizadas delimitado y verificable. En el adulto, la principal es el déficit de hormona de crecimiento, que no se diagnostica por síntomas ni por una medición aislada de GH. La guía de la Endocrine Society establece que la confirmación requiere pruebas de estímulo, salvo en casos con lesión genética o estructural demostrada persistente desde la infancia. En pediatría existen otras indicaciones reconocidas, como el síndrome de Turner o la insuficiencia renal crónica, cada una con sus propios criterios.

Esa exigencia diagnóstica no es burocrática. Determina quién obtiene beneficio: según la misma guía, los pacientes con déficit más intenso son los que presentan mayor mejoría en composición corporal, capacidad de ejercicio, integridad esquelética y medidas de calidad de vida. Fuera de ese contexto, la relación entre beneficio y riesgo cambia por completo.

Del lado de los péptidos, la tesamorelina es la excepción documentada. La FDA la aprobó en noviembre de 2010, bajo el nombre comercial Egrifta, con una indicación precisa: la reducción del exceso de grasa abdominal en pacientes con VIH y lipodistrofia. Es importante leer esa indicación con exactitud, porque se cita a menudo de forma deformada. No se trata de una autorización para la pérdida de peso en general, ni para la obesidad, ni para el uso estético. La población del ensayo pivotal tenía acumulación visceral asociada al tratamiento antirretroviral, con lipoatrofia periférica concomitante, un cuadro metabólico específico.

La sermorelina estuvo comercializada en Estados Unidos como medicamento (Geref), tanto para diagnóstico como para tratamiento pediátrico, pero fue retirada del mercado y hoy no está disponible como especialidad farmacéutica en la mayoría de los países. CJC-1295, ipamorelina y GHRP-6 nunca han obtenido autorización de comercialización en ninguna jurisdicción principal. Se venden etiquetados para uso exclusivo en investigación, y esa etiqueta describe su estatus real, no una formalidad comercial.

Para quienes trabajan con estos compuestos en el laboratorio, la preparación de las soluciones es una cuestión técnica aparte que tratamos en la calculadora dedicada a CJC-1295. Este artículo no aborda ningún aspecto práctico de manipulación ni administración.

¿Qué efectos adversos y riesgos se han descrito?

Los efectos adversos de la somatropina están bien caracterizados porque derivan de décadas de farmacovigilancia. Los más frecuentes son la retención de líquidos, con edema periférico, las artralgias y mialgias, el síndrome del túnel carpiano por compresión nerviosa secundaria al edema, y la alteración del metabolismo de la glucosa. Este último punto merece atención: la GH antagoniza la acción de la insulina, de modo que puede empeorar la resistencia insulínica y la tolerancia a la glucosa, un efecto que en la práctica clínica obliga a vigilar la glucemia.

La revisión sistemática de Liu y colaboradores aporta datos concretos en población no deficitaria: los participantes tratados con GH presentaron con mayor frecuencia edema de tejidos blandos y fatiga que los no tratados. Es un resultado que contradice directamente el relato de mejora del rendimiento que circula en el ámbito del fitness.

La exposición mantenida a concentraciones elevadas plantea preocupaciones de orden distinto. El exceso crónico de GH e IGF-1 define la acromegalia, un cuadro que incluye crecimiento de tejidos blandos y de la mandíbula, hipertrofia cardiaca y riesgo cardiovascular aumentado. Por otra parte, la relación entre el eje IGF-1 y la proliferación celular explica que las guías contraindiquen el tratamiento con GH en presencia de neoplasia activa. Ninguna de estas consideraciones cambia por el hecho de elevar el IGF-1 mediante un péptido en lugar de mediante la hormona: el mediador final es el mismo.

Los secretagogos añaden además riesgos propios ligados a su falta de selectividad. El estudio de Frieboes y colaboradores en Neuroendocrinology mostró que la administración de GHRP-6 en varones jóvenes sanos durante el sueño elevaba no solo la GH, sino también la ACTH y el cortisol. El GHRP-6 es conocido asimismo por estimular la prolactina y por inducir un aumento pronunciado del apetito, consecuencia previsible de su acción sobre el receptor de la grelina. Fue precisamente este perfil el que motivó el desarrollo de la ipamorelina como alternativa más selectiva.

A todo ello se suma un riesgo que no es farmacológico sino de calidad del producto. Cuando un compuesto se distribuye fuera del circuito farmacéutico, la identidad, la pureza, el contenido de endotoxinas y la esterilidad no están garantizados. La FDA ha incluido varios de estos secretagogos, entre ellos GHRP-2, GHRP-6, ipamorelina e ibutamoren mesilato, en su lista de sustancias a granel que pueden presentar riesgos de seguridad significativos en formulación magistral, con la inmunogenicidad entre los motivos de preocupación.

¿Cuál es el estatus legal y la situación antidopaje?

En el plano legal, la somatropina es un medicamento sujeto a prescripción médica en la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Australia y la práctica totalidad de los países con regulación farmacéutica desarrollada. Su obtención sin receta constituye una infracción, y en Estados Unidos la distribución de hormona de crecimiento para usos distintos de los autorizados está específicamente tipificada en la legislación federal, con sanciones penales asociadas.

Los péptidos secretagogos ocupan una posición distinta pero no más permisiva. Al no estar autorizados, su comercialización para consumo humano es ilegal en la mayoría de las jurisdicciones; lo que existe es un mercado de productos etiquetados para investigación, cuya venta se ampara en esa calificación. La legislación varía de forma considerable entre países, y la importación personal puede dar lugar a incautación aduanera o a consecuencias legales según el territorio. Conviene verificar la normativa local antes de cualquier adquisición.

En el terreno deportivo la situación es inequívoca para ambas familias. La Agencia Mundial Antidopaje incluye la hormona de crecimiento y sus factores liberadores en la clase S2, hormonas peptídicas, factores de crecimiento, sustancias afines y miméticos. La Lista de Prohibiciones nombra expresamente los análogos de GHRH, con sermorelina, CJC-1295, CJC-1293 y tesamorelina citados como ejemplos, así como los secretagogos que actúan sobre el receptor de la grelina. Se trata de sustancias prohibidas en todo momento, es decir, tanto en competición como fuera de ella.

Dos consecuencias prácticas se derivan de esto. La primera: el hecho de que la tesamorelina sea un medicamento aprobado no la excluye de la clase S2, porque la prohibición se define por mecanismo y estructura, no por estatus regulatorio. La segunda: un deportista con déficit de GH documentado necesita una autorización de uso terapéutico para poder recibir tratamiento, un procedimiento formal que evalúa el organismo antidopaje correspondiente. Quien compare estos compuestos con otras clases de sustancias anabólicas encontrará contexto adicional en nuestro análisis de péptidos frente a esteroides.

¿Por qué el IGF-1 es el marcador de seguimiento del eje?

Medir la GH circulante para evaluar el estado del eje somatotropo es, en la práctica, poco informativo. La hormona se secreta en pulsos, su semivida plasmática se cuenta en minutos y entre pulsos las concentraciones pueden ser casi indetectables en personas perfectamente normales. Una extracción aislada puede caer en un pico o en un valle, de modo que el valor obtenido dice más sobre el momento de la punción que sobre la fisiología del paciente.

El IGF-1 resuelve ese problema. Circula unido a proteínas transportadoras, principalmente IGFBP-3, lo que prolonga considerablemente su permanencia en plasma y amortigua las fluctuaciones. El resultado es un marcador estable que refleja la exposición integrada a GH a lo largo de días, y que además representa el mediador efectivo de buena parte de los efectos anabólicos. Por eso la guía de la Endocrine Society utiliza el IGF-1, interpretado frente a intervalos de referencia ajustados por edad y sexo, como variable de ajuste del tratamiento.

La misma lógica se aplica a los secretagogos, y los estudios lo reflejan: el trabajo de Ionescu y Frohman cuantificó un aumento del IGF-1 del 45 % tras CJC-1295, y el ensayo de Nass describió la normalización del IGF-1 a valores de adulto joven con el mimético oral de la grelina. En ambos casos el IGF-1 fue el indicador que permitió comparar la magnitud del efecto.

En el ámbito antidopaje, el IGF-1 cumple una función adicional. Dado que la somatropina recombinante es indistinguible de la hormona endógena en secuencia, la detección directa resulta difícil y la ventana temporal es breve. Los laboratorios recurren por ello a un método de biomarcadores que combina el IGF-1 con el propéptido N-terminal del colágeno tipo III (P-III-NP), dos moléculas que responden a la administración de GH de forma dependiente de la cantidad. El trabajo de Erotokritou-Mulligan y colaboradores en Growth Hormone and IGF Research validó este método mediante conjuntos de datos independientes, y una función discriminante basada en ambos marcadores permite diferenciar a quienes reciben GH de quienes reciben placebo.

Una observación final: estos marcadores responden al eje, no a la molécula de origen. Un IGF-1 elevado por un secretagogo no es, desde el punto de vista analítico, más discreto que uno elevado por hormona recombinante.

¿Cómo se comparan punto por punto la HGH y los secretagogos?

La tabla siguiente resume las diferencias estructurales entre las dos familias. Es una síntesis descriptiva con fines educativos y no constituye una recomendación de uso de ninguno de los compuestos citados.

CriterioHGH (somatropina)Péptidos secretagogos
NaturalezaProteína recombinante de 191 aminoácidos, idéntica a la GH humanaPéptidos cortos: GHRH(1-29) y análogos, o hexa y pentapéptidos tipo GHRP
MecanismoSustitución directa: se une al receptor de GHEstimulación de la hipófisis mediante receptor de GHRH o receptor de grelina
Patrón de exposiciónPerfil farmacocinético externo, suprime la secreción propiaPulsatilidad hipofisaria conservada, con elevación de los valores valle
Requiere hipófisis funcionalNoSí, es condición indispensable
Retroalimentación negativaEludidaOperativa, lo que impone un techo fisiológico parcial
Estatus regulatorioMedicamento con receta en las principales jurisdiccionesTesamorelina aprobada por la FDA con indicación restringida; el resto, uso exclusivo en investigación
Nivel de evidencia humanaEnsayos controlados y farmacovigilancia de décadasFase 3 solo para tesamorelina; datos escasos o ausentes para CJC-1295, ipamorelina y GHRP-6
Efectos adversos típicosEdema, artralgias, túnel carpiano, deterioro del metabolismo glucídicoReacción local, cefalea, retención hídrica; con GHRP-6, aumento de cortisol, ACTH, prolactina y apetito
Riesgo de calidad del productoBajo con producto farmacéutico, elevado en mercado paraleloElevado: identidad, pureza y esterilidad no garantizadas
Marcador de seguimientoIGF-1 frente a intervalo de referencia por edad y sexoIGF-1, por el mismo motivo
Estatus WADAClase S2, prohibida en todo momentoClase S2, prohibidos en todo momento

Dos lecturas se desprenden de la tabla. La primera es que los secretagogos no son una versión suave de la HGH: son intervenciones sobre el mismo eje con un punto de entrada distinto, y el mediador final, el IGF-1, coincide. La segunda es que la diferencia decisiva entre ambas columnas no está en el mecanismo sino en la columna de evidencia y en la de estatus regulatorio.

¿Qué límites tiene la evidencia disponible y qué aviso corresponde?

Cualquier comparación honesta debe explicitar lo que no se sabe. En el caso de los secretagogos, las lagunas son sustanciales. No existen datos de seguridad a largo plazo en adultos sanos para CJC-1295, ipamorelina ni GHRP-6. No se conoce el efecto de la estimulación repetida sobre la reserva hipofisaria a lo largo de años. No hay información sólida sobre interacciones con el metabolismo de la glucosa en poblaciones con prediabetes o resistencia insulínica. Y no se ha caracterizado la inmunogenicidad de los productos distribuidos fuera del circuito farmacéutico.

Una parte de los datos que se citan habitualmente proviene además de modelos animales o de estudios de fase temprana con muestras reducidas y plazos cortos. La distinción entre investigación preclínica y evidencia clínica humana no es un detalle metodológico: es la diferencia entre una hipótesis y una conclusión aplicable a personas. La revisión de 2026 publicada en Frontiers in Endocrinology organiza precisamente estos compuestos en niveles de evidencia, desde los que cuentan con ensayos aleatorizados de calidad regulatoria hasta los que carecen por completo de estudios humanos.

Del lado de la somatropina, el límite es de otra naturaleza. La evidencia es robusta, pero lo es dentro de las poblaciones estudiadas, es decir, personas con déficit documentado. Trasladar esos resultados a adultos sanos que buscan efectos sobre la composición corporal, el envejecimiento o el rendimiento es una extrapolación que la literatura no respalda, como mostró la revisión sistemática de Liu y colaboradores.

Aviso médico. Este contenido tiene finalidad exclusivamente informativa y educativa. No constituye consejo médico, no sustituye la consulta con un profesional sanitario cualificado y no incluye deliberadamente ninguna pauta de administración. La somatropina y la tesamorelina son medicamentos que requieren prescripción y seguimiento médico. Sermorelina, CJC-1295, ipamorelina y GHRP-6 no están aprobados para uso humano general y se consideran péptidos de investigación. Su estatus legal varía según la jurisdicción. Si le preocupa su función hormonal, consulte a un endocrinólogo: el diagnóstico de un déficit de GH exige pruebas específicas y no puede establecerse a partir de síntomas ni de analíticas aisladas.

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Preguntas frecuentes

¿Los péptidos secretagogos son una alternativa más segura que la HGH?
No existe evidencia que permita afirmarlo. El argumento habitual es que al conservar la pulsatilidad hipofisaria y la retroalimentación negativa, los secretagogos impondrían un techo fisiológico a la exposición, y el estudio de Ionescu y Frohman sobre CJC-1295 confirma que la pulsatilidad se mantiene. Pero ese mismo trabajo muestra que los valores valle se elevan de forma marcada, modificando el perfil de exposición. Además, el mediador final es el mismo IGF-1 en ambos casos, y los secretagogos añaden un problema que la somatropina farmacéutica no tiene: la ausencia de garantías de identidad, pureza y esterilidad cuando se adquieren fuera del circuito regulado. Seguridad relativa significa seguridad demostrada, y para CJC-1295, ipamorelina y GHRP-6 esos datos a largo plazo no existen.
¿La tesamorelina está aprobada para perder peso?
No. La FDA aprobó la tesamorelina en noviembre de 2010 con una indicación concreta: la reducción del exceso de grasa abdominal en pacientes con VIH y lipodistrofia. El ensayo pivotal de Falutz y colaboradores incluyó 412 pacientes con VIH y acumulación de grasa abdominal, y observó una reducción del tejido adiposo visceral del 15,2 % a las 26 semanas frente a un aumento del 5,0 % con placebo. Se trata de una población con un cuadro metabólico específico asociado al tratamiento antirretroviral, con lipoatrofia periférica concomitante. La indicación no se extiende a la obesidad, a la pérdida de peso general ni a usos estéticos, y el medicamento requiere prescripción y seguimiento médico.
¿Por qué los médicos miden el IGF-1 y no la hormona de crecimiento?
Porque la GH se secreta en pulsos y tiene una semivida plasmática de minutos. Entre pulsos, las concentraciones pueden ser casi indetectables en personas sanas, de modo que una extracción aislada refleja sobre todo el momento de la punción. El IGF-1 circula unido a proteínas transportadoras, lo que prolonga su permanencia en plasma y amortigua las oscilaciones, y constituye además el mediador efectivo de gran parte de los efectos anabólicos de la GH. Por eso la guía de la Endocrine Society utiliza el IGF-1, interpretado frente a intervalos de referencia por edad y sexo, como variable de seguimiento y de ajuste del tratamiento. En el ámbito antidopaje se combina con el propéptido N-terminal del colágeno tipo III para detectar la administración exógena.
¿Funcionan los secretagogos si la hipófisis está dañada?
No, y es la limitación más importante de toda esta familia. Un secretagogo solo puede liberar hormona que la hipófisis haya producido y almacenado previamente. Si la glándula está ausente, ha sido extirpada, ha recibido radioterapia o carece de reserva somatotropa funcional, la estimulación no genera respuesta. La somatropina no tiene esa dependencia, porque aporta la hormona terminada. Esta diferencia tiene también valor diagnóstico: la revisión de Prakash y Goa sobre sermorelina señalaba que el péptido no permite detectar los déficits de origen hipotalámico, precisamente porque actúa a nivel hipofisario y no sobre la cadena completa de regulación.
¿Mejoran la HGH o los secretagogos el rendimiento deportivo?
La revisión sistemática de Liu y colaboradores en Annals of Internal Medicine analizó 44 artículos sobre 27 cohortes, con 440 participantes de los que 303 recibieron hormona de crecimiento. Su conclusión fue que las afirmaciones de mejora del rendimiento físico no están respaldadas por la literatura científica: se observó un aumento de la masa corporal magra sin mejora de la fuerza, con posible deterioro de la capacidad de ejercicio y mayor frecuencia de edema de tejidos blandos y fatiga. Si la hormona administrada directamente no demuestra ese beneficio, atribuirlo a los péptidos que la estimulan de forma indirecta carece de fundamento. Además, ambas familias están prohibidas en todo momento por la Agencia Mundial Antidopaje.
¿Qué diferencia hay entre ipamorelina y GHRP-6?
Ambos actúan sobre el receptor de secretagogos de GH, el receptor fisiológico de la grelina, pero difieren en selectividad. El trabajo original de Raun y colaboradores describió la ipamorelina como el primer secretagogo selectivo de hormona de crecimiento: un pentapéptido con potencia liberadora elevada que, a diferencia del GHRP-6, no elevaba de forma apreciable la ACTH ni el cortisol en los modelos estudiados. El GHRP-6 presenta actividad adicional sobre el eje corticotropo y sobre la prolactina. El estudio de Frieboes y colaboradores en varones jóvenes sanos documentó aumentos de GH, ACTH y cortisol tras su administración. El GHRP-6 es conocido también por inducir un aumento pronunciado del apetito, consecuencia esperable de su acción grelinérgica.
¿El MK-677 es un péptido?
No. El MK-677, también llamado ibutamoren, actúa sobre el mismo receptor que los GHRP, pero su estructura es la de una molécula pequeña no peptídica, lo que le permite ser activo por vía oral. Se incluye en estas comparaciones por mecanismo, no por naturaleza química. El ensayo de Nass y colaboradores en 65 adultos sanos de 60 a 81 años mostró que restauraba los valores de GH e IGF-1 a los propios de adultos jóvenes, con un aumento de peso de 2,7 kg frente a 0,8 kg con placebo y un incremento de la masa libre de grasa. Pese a estos cambios de composición corporal, el compuesto no obtuvo aprobación y la FDA lo ha incluido entre las sustancias que pueden presentar riesgos de seguridad significativos en formulación magistral.
¿Es legal comprar HGH o péptidos secretagogos?
La somatropina es un medicamento sujeto a prescripción médica en la Unión Europea, Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y la práctica totalidad de los países con regulación farmacéutica desarrollada; obtenerla sin receta constituye una infracción, y en Estados Unidos su distribución para usos no autorizados está tipificada en la legislación federal. Los secretagogos no autorizados se comercializan etiquetados para uso exclusivo en investigación, y su venta para consumo humano es ilegal en la mayoría de las jurisdicciones. La normativa varía de forma considerable entre países y la importación personal puede dar lugar a incautación aduanera o a consecuencias legales. Verifique siempre la legislación local y consulte a un profesional sanitario antes de considerar cualquier intervención sobre el eje hormonal.

Fuentes científicas

  1. Falutz J, Allas S, Blot K, et al. (2007). Metabolic effects of a growth hormone-releasing factor in patients with HIV. New England Journal of Medicine 2007;357(23):2359-2370. (PubMed)
  2. Liu H, Bravata DM, Olkin I, et al. (2008). Systematic review: the effects of growth hormone on athletic performance. Annals of Internal Medicine 2008;148(10):747-758. (PubMed)
  3. Ionescu M, Frohman LA (2006). Pulsatile secretion of growth hormone (GH) persists during continuous stimulation by CJC-1295, a long-acting GH-releasing hormone analog. Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism 2006;91(12):4792-4797. (PubMed)
  4. Raun K, Hansen BS, Johansen NL, et al. (1998). Ipamorelin, the first selective growth hormone secretagogue. European Journal of Endocrinology 1998;139(5):552-561. (PubMed)
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